Hay historias que el fútbol del interior guarda como un tesoro. Y la de Juan Manuel Ibarra es una de esas.
Mientras el paso del tiempo obliga a muchos a dejar la pelota, el delantero de Puan Foot Ball Club sigue desafiando la lógica. El último domingo volvió a sumar minutos oficiales en la Liga Regional de Fútbol de Coronel Suárez con ¡53 años! Sí, 53. Y no en un partido de veteranos ni en un amistoso homenaje. En competencia oficial.
Contra jugadores que podrían ser tranquilamente sus hijos.
Pero hablar de Ibarra no es solamente hablar de edad.
Es hablar de pasión. De compromiso. De amor por la pelota.
Nacido el 2 de enero de 1973 y criado futbolísticamente en Puan Football Club, Juan Manuel construyó una carrera enorme dentro del fútbol regional. Goleador histórico de la Liga de Coronel Suárez y máximo artillero en la historia del “Faraón”, su nombre hace tiempo está grabado entre las leyendas del fútbol regional.
Los números acompañan la dimensión de su trayectoria. Hace algunos años ya había superado los 300 goles oficiales en la Liga y continuó ampliando una marca que parece imposible de alcanzar. Incluso fue goleador del torneo en múltiples oportunidades y defendió camisetas históricas de la Liga y la zona cercana como Racing de Carhué, Automoto (año 2005 convirtiendo 7 goles), Tiro Federal de Puan, Club Sarmiento, El Progreso y Gimnasia de Darregueira. También reforzó a Boca Juniors cuando el equipo de Coronel Suárez disputó un Regional.
Sin embargo, detrás de los goles aparece algo todavía más fuerte: el vínculo con el club de sus amores.
En 2024, con 51 años, ya había sorprendido al regresar para darle una mano a Puan FC en un momento complicado. Aquella tarde fue titular y jugó más de 60 minutos. Después del partido dijo algo que resume perfectamente su historia: “A mi edad, estar adentro del campo de juego es un placer”.
Y sigue siendo así. Porque mientras muchos recuerdan anécdotas, él todavía entra a una cancha. Todavía compite. Todavía se pone los botines y se mezcla con los más jóvenes como si el tiempo no existiera.
Como si la historia necesitara un capítulo todavía más especial, Juan Manuel también tuvo la posibilidad de compartir cancha con su hijo defendiendo la camiseta de PFC.
Una imagen difícil de explicar para quienes sienten el fútbol solamente desde el resultado. Padre e hijo, juntos, representando los mismos colores. Generaciones distintas. La misma pasión.
En una época donde todo parece rápido y descartable, historias como la de Juan Manuel Ibarra tienen un valor enorme. Representan al futbolista del interior que juega por amor al club. Al tipo que entrena con frío, lluvia o calor. Al goleador que nunca quiso irse demasiado lejos porque entendió que su lugar estaba ahí, en Puan, entre su gente y sus colores.
Más allá del resultado del domingo, la ovación ya estaba asegurada. Porque algunos jugadores pasan. Y otros quedan para siempre.
Gentileza Eduardo Luongo

















